Con la llegada del calor y el final del curso, cambian las rutinas, los horarios y también el apetito. Es habitual que los niños coman menos por la noche o que prefieran alimentos más frescos y ligeros.

El problema aparece cuando “ligero” se convierte en “insuficiente”.

¿Por qué cambia el apetito en verano?

El calor reduce la sensación de hambre y el cuerpo tiende a pedir comidas menos pesadas. Esto es completamente normal. Sin embargo, es importante que las cenas sigan siendo equilibradas, aunque sean más suaves.

La Academia Española de Nutrición y Dietética insiste en la importancia de mantener una alimentación variada y equilibrada también en verano, adaptando preparaciones pero no reduciendo la calidad nutricional.

Error habitual: cenas improvisadas

En esta época es frecuente recurrir a soluciones rápidas como:

  • Solo fruta
  • Solo yogur
  • Picoteo sin estructura

Estas opciones pueden quedarse cortas en nutrientes, especialmente si no compensan lo que el niño ha comido durante el día.

La clave: ligero pero completo

Una cena adecuada debería incluir:

  • Verduras (crudas o cocinadas)
  • Proteína (huevo, pescado, carne, legumbres)
  • Algo de hidrato (pan, arroz, pasta, patata)

5 ideas de cenas frescas y equilibradas

  • Ensalada de pasta integral con pollo y verduras
  • Tortilla francesa con ensalada y fruta
  • Gazpacho + tostada con aguacate y huevo
  • Pescado a la plancha con verduras salteadas
  • Wraps fríos de lechuga con pavo y hummus

Un aspecto importante: el conjunto del día

Si el niño ha comido de forma equilibrada en el comedor escolar, la cena puede ser más ligera, pero no debe ser vacía.

El objetivo no es “compensar”, sino mantener un equilibrio a lo largo del día.

Educar también en verano

El verano no es un paréntesis en los hábitos, es una oportunidad para reforzarlos desde la flexibilidad. Mantener cierta estructura, aunque adaptada, ayuda a que los niños sigan desarrollando una relación saludable con la comida.